Archivo de la categoría: Media

Reality

Líneas generales 2015 para los guionistas de Sálvame: 1) Presentar a Belén Esteban para la alcaldía de Madrid (nunca lo tendrá más fácil). 2) Conservarle un espacio semanal en Sálvame Deluxe (título provisional: “la alcaldesa del pueblo”). 3) Hacer que confiese en pantalla que toma drogas y conduce bajo los efectos del alcohol. 4) Vestirla con la camiseta de La Roja para que acuda al pleno a hablar sobre su vida sexual doméstica. 5) Provocar encontronazos (literales) con concejales de la oposición en los plenos. 6) Aún no se nos ocurre nada, pero tranquilos… Rob Ford está en ello.

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Carne picada

Este post de David de Ugarte me ha despertado a la realidad de la escasa atención que la blogosfera (al menos la parte de ella que exploro habitualmente) ha prestado al escándalo de la carne de caballo. Cierto que el tema no es de lo más glamuroso, pero tiene su miga. Deja patente una vez más, como en el lamentable caso anterior de los pepinos, el desconocimiento general sobre cómo son las cadenas de valor de los productos alimentarios. Importante lección para nuestros productores (lácteos y otros): nadie comprende de verdad lo que nos sucede. Así va a ser difícil ganar apoyos para nuestras causas.

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Inconsistencia

Aparentemente la pasada semana fue buena para nuestro gobierno en el apartado referido a comunicación. Los medios nacionales se hicieron eco de las sutiles buenas nuevas deslizadas en el debate parlamentario. La Comisión Europea asumió como suyas las exageradamente horrorosas previsiones para el futuro inmediato que darán margen a negociar condiciones menos asfixiantes para las cuentas públicas. El problema es que la inconsistencia entre el mensaje interior y exterior es obvia, lo que no beneficia en absoluto a quienes son percibidos ya por los ciudadanos como embusteros casi patológicos. Sobre todo porque también es obvio cuál de los dos mensajes es más falso. Para muestra, un excelente botón.

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Outsider

Ahora que la corrupción ocupa las portadas de nuestros medios de comunicación (excepto los públicos), echo la vista un par de semanas atrás y me encuentro con esta noticia y esta otra, correspondientes a un mismo día. Su combinación ilustra el contexto del que se nutre la impunidad que tanto nos asombra. Estamos demasiado habituados a poner nuestra confianza en los amigotes que siempre han presidido nuestra sociedad. Tanto que incluso
cuando los cogemos con las manos en la masa, inmediatamente buscamos chivos expiatorios para tratar de salvar la mayor parte posible de sus chiringuitos. De los que no pertenecen a ese grupo, en cambio, sospechamos por defecto.

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Tu quoque

A pesar de lo grave de la situación, es imposible reprimir una sonrisa al contemplar los recientes problemas con la política fiscal norteamericana. Tantos años tragando las puyas sobre Euroesclerosis de los sesudos comentaristas en los medios anglosajones, y ahora nos encontramos con precipicios fiscales, frenéticas negociaciones en la madrugada, gobiernos rehenes de grupitos radicales, monedas de platino mágicas… Finalmente el
Economist no ha podido más y nos ha obsequiado con este delicioso editorial (y foto de portada). Queda demostrado que los europeos continentales no somos especialmente torpes en materia de política, sino que enfrentamos serios problemas a los que nuestro marco institucional occidental no encuentra soluciones sencillas. Aunque, por supuesto, muchos aún siguen a lo suyo, inasequibles al desaliento.

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Hay que reflexionar

David de Ugarte, en El Correo de las Indias, diserta sobre los medios de comunicación y pone en evidencia cómo generan “cierres epistémicos” que aíslan a sus lectores de la realidad circundante.

Dos ejemplos que me resultan muy cercanos. El primero me lleva a definirme como “observador externo” en mi propio país:

Si Mas convocó las elecciones fue porque dió un giro drástico a su programa y que conserve la mayoría de su voto a pesar de todo es lo que realmente llama la atención a un observador externo

Se ve que los observadores internos están demasiado ocupados celebrando las victorias pírricas de quienes los financian.

El segundo ejemplo me hace sonreír cotidianamente con mis estudiantes de doctorado foráneos:

(…)fascinante (…) es la perra de la prensa argentina, uruguaya, chilena y venezolana con la crisis española. Es grave sin duda, pero no tiene el grado de dramatismo cuasi survivalista del relato que cuentan. Hablas con los amigos y tienen la impresión de que en la península se vive poco menos que en un mundo postnuclear, en cualquier caso, mucho peor que en el continente sudamericano. No es verdad.

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El cielo puede esperar, George…

Las pasadas fiestas han estado dominadas en mi familia por las máquinas Nespresso, el regalo más popular (a mi también me ha tocado una). Sin duda, el elemento decisivo en las ventas de esta marca es su campaña de publicidad.

Destaco dos observaciones sobre la misma:

-Malkovich arrasa por encima de Clooney. Línea favorita de todo el mundo: Volluto, my favourite…

-Cada vez que utilizo la máquina se me viene a la cabeza el riff de piano eléctrico que constituye la “firma” de la campaña publicitaria. Mi subconsciente asocia el consumo del producto a la elegancia del cool jazz. ¡Ah, la satisfacción de formar parte de la élite!…

En lo referente al modelo de negocio, aún les queda mucho que aprender del difunto Steve Jobs.

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Dios no juega a los dados

En los últimos días escucho repetidamente en la radio un anuncio de la DGT en el que nos exhortan a los conductores a eliminar comportamientos de riesgo en la carretera con el objetivo explícito de “eliminar por completo los accidentes”.

Supongo que esta campaña se basará en datos estadísticos que muestran cómo un muy elevado porcentaje de los accidentes de tráfico se deben a imprudencias de los conductores, y que el mensaje a transmitir quedaría muy diluído si añadiesen la coletilla de “evitables” al referirse a los accidentes. De todos modos, no puedo evitar pensar en la inconsistencia de fondo del anuncio: estoy razonablemente seguro de que un número no trivial de accidentes son realmente “accidentales”, no pueden evitarse.

¿Una muestra más de la afición de los políticos a prometer lo imposible? ¿O es la DGT el último refugio de los deterministas radicales?

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